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¡Toma ya! ¡Birdwatching!

Turismo ornitológico                            Manuel Maynar: Director técnico Exivia
mmaynar@arrakis.es

¡Toma ya! ¡Birdwatching!

Hace pocos días leía en un periódico digital el siguiente titular “Descubren en Tailandia una especie de pájaro que se creía extinguida hace 140 años”. Lo primero que me vino a la mente fue ¡Qué suerte tienen algunos! Van a recibir más pajareros que nosotros y además de esos que se gastan al menos 180 € diarios en ver otra ave más cada día. Continué leyendo y vi que se trataba de una especie propia de los humedales vista por última vez hace 140 años en la India, se llamaba “Acrocephalus orinus” –había perdido hasta su nombre vulgar— y sabían que era así porque sus redescubridores –entre los que se encontraba un tal Philip Round, aparentemente inglés— habían analizado su ADN y lo habían comparado con el de un ejemplar que se conserva, muerto por supuesto, en el Museo de Ciencias Naturales de Londres --tampoco podía ser el de otro lugar--, pero nada más sabían ni si estaba allí por casualidad, ni si era residente en algún área del país, ni si era una especie de ave migratoria que había llegado o estaba de paso procedente de algún recóndito lugar de la India, ni prácticamente nada.

Ello me dio pié a ponerme a escribir sobre algunas reflexiones que, en torno a mis últimos trabajos como consultor, me produjo la noticia. Intentaré ordenarlas un poco a ver qué sale.  

Turismo ornitológico  

Desde hace cosa de dos años los que nos dedicamos a la cosa del turismo en el medio rural estamos inmersos de nuevo en una otra moda turística que parece va a solucionar por fin los problemas estructurales que tiene el turismo rural español: el birding o birdwatching, como dicen los eruditos. ¡Hay que dedicarse al birding! ¡Es la solución!  

¿Pero qué es eso del birding? Pues no es otra cosa que la extendida costumbre anglosajona de observar las aves (1) como reflejo del respeto y cariño que tienen a la historia natural y a los entornos donde prima la naturaleza en su estado más puro y mejor conservado y donde las aves son el mejor reflejo de su conservación y su mas diversa y atractiva forma de vida. En fin toda una expresión de una envidiable, sólida y arraigada (2)  tradición cultural que para mi quisiera yo.  

Pero ¿Tantas aves hay? Pues si hay muchísimas. Quizás sea la clase de animales vertebrados que cuenta con más especies diferentes, y no sólo eso: están en todos los rincones de la Tierra; muchas tienen formas, colores y costumbres de lo más llamativo y espectacular; la mayoría regalan nuestros oídos con atractivos variados y melodiosas cantos y, además vuelan sin parar de un lugar a otro dándonos a muchos la oportunidad de contemplarlas en todo tipo de lugares a cual más sorprendente. Creo que son más de 9.000 en todo el mundo y me parece que en España viven o nos visitan más de 450 de ellas.  

    

De ahí no había más que un paso a convertir esa gran pasión popular en un nuevo motivo para que la perspicacia de los profesionales agentes turísticos anglosajones --siguiendo la tradición inaugurada en 1845 cuando Thomas Cook dio los primeros pasos para crear la primera agencia de viajes del mundo y, por tanto, alumbrar el nacimiento de la hoy primera industria mundial, el turismo— actuase de inmediato creando un nuevo producto turístico, hoy practicado en todo el mundo occidental por millones de turistas (3)que viajan por todo el planeta en pos de acumular el más preciado recuerdo de otra especie de aves más a la que ha podido observar en su propio hábitat. Así, basado en la práctica de la observación de aves, nace lo que en estos lares recientemente hemos convenido llamar turismo ornitológico.

  La observación de aves en España

  Ya hemos dicho que nuestro país cuenta con un interesante contingente de aves, a nadie se le oculta. Pero lo que deberíamos conocer es qué particularidades tenemos al respecto para considerar si nuestro hecho diferencial en el asunto tiene la dimensión, especificidad y poder de atracción suficientes que merezcan el esfuerzo de su puesta en valor turístico, sobre todo porque nuestra particular idiosincrasia, que podemos traduce en el más que frecuente dicho que mi pueblo es el mejor del mundo porque tiene la estanca más grade de todas, hace que debamos relativizar la cosa, pues en materia de turismo, ni todo vale, ni lo que vale allí vale también aquí, ni podemos continuar en la inveterada “estrategia de la ocurrencia” que tanto les gusta practicar a muchos de nuestros políticos.  

El hecho es que, por ejemplo, entre “nuestras” especies de aves hay unas 70 que no tienen en Gran Bretaña, la patria del birding.

Además para algunas especies todavía somos su más preciado paraíso y si no que se lo digan a las avutardas de las que bastante más de la mitad habitan en nuestras zonas esteparias, o al buitre negro que se fue de toda Europa a donde ahora regresa procedente de nuestros bosques mediterráneos, o al quebrantahuesos que ha tomado las estribaciones de los Pirineos como su preferida zona de campeo y a Guara como su principal bastión, o el águila imperial que en las dehesas de Andalucía, Extremadura y Castilla La Mancha tiene sus últimos reductos, o a tantas otras que son prácticamente particulares endemismos.

Y qué decir de la cantidad de especies que tienen en España parada obligada y preferente en sus desplazamientos migratorios desde el norte de Europa hacia el sur de España y África –ahí está nuestro Estrecho de Gibraltar--, incluso la austral, o en las costas de Galicia como lugar de referencia para las aves marinas que desde las regiones árticas se desplazan hacia los mares australes yendo y viniendo en una búsqueda constante de los mejores lugares donde conseguir alimento y donde nazcan su crías.  

Es un hecho cierto que cuando visitamos y paseamos por muchas y extensas zonas de Extremadura, las más circunspectas de Doñana y Tarifa o los agrestes espacios del Pirineo de Aragón y sus continuadas desérticas estepas de la depresión del Ebro, con mucha frecuencia nos topamos con toda clase de tipos prismáticos en ristre o a pié de un teleobjetivo mirando a la lejanía y cuando intentamos saciar nuestra curiosidad por lo que están haciendo, la mayoría de las veces y a las primeras de cambio, debemos echar mano de nuestros siempre escasos conocimientos lingüísticos para saberlo dándonos cuenta que son pajareros, o birdwatchers, extranjeros. Si van en grupo, casi siempre podremos encontrar uno de ellos que con extraño acento nos lo pueda explicar es su guía líder, la persona que ha decidido instalarse a vivir en España ¡Vete a saber por qué circunstancias! y se dedica a enseñar a sus coterráneos las maravillas de la naturaleza que nuestra educación no nos permite apreciar como ellos. Sólo alguna vez tendremos la suerte de que el guía sea uno de la docena de españoles que profesionalmente se dedican a ello, el resto casi siempre amateurs que cobran sus servicios de empresas con empresas de sede lejana allende fronteras.  

Un cierto halo de misterio rodea en nuestro país todo lo que rodea a la observación de aves. Para el vulgo aparece como algo exclusivo, cuasi de secta, la secta de los pajareros, pero ¿Serán muchos? ¿Quién lo sabe?  

Resulta que no hace mucho tiempo, mientras formando parte de un equipo multidisciplinar, hacíamos un trabajo de investigación turística y tratábamos de analizar la demanda de este tipo de turismo sobre nuestro destino más emblemático, Extremadura, a la hora de hacer encuestas en diferentes zonas de dicha región a través de los agentes turísticos (fundamentalmente alojamientos y guías especializados y operadores con producto en el mercado) implicados en el producto, nos encontramos con la nada agradable sorpresa de que casi nadie quería contestar y pocos turistas encontrábamos para entrevistar ¡Claro, la época en que habían encargado el trabajo tampoco era la mejor, era otoño casi invierno!. Pero mayor fue mi sorpresa cuando nos facilitaron un contacto fetén para al menos conocer cual era el perfil del ornitólogo y turista español. A través de la Sociedad Española de Ornitología podíamos plantear la encuesta a todos sus socios. Perfecto, al menos había un clavo ardiendo donde agarrarnos para evitar el desastre aún cuando sesgásemos la investigación. Cual no sería mi sorpresa cuando creyendo que tan renombrada sociedad conservacionista tenía casi veinte mil socios activos y comprometidos en la conservación de las aves, su dirección nos dijo que no se podían hacer más que unas 3.500 encuestas a través de correo electrónico, aunque la sorpresa aumentó cuando desde la misma enviaron las dichas y no recibimos devueltas y cumplimentadas más que 400, de las cuales sólo se pudieron validar 332, encontrándonos con el dato de que sólo el 80% eran turistas ornitológicos.  

Hace poco más de un año pudimos conocer un serio estudio por realizado por uno de los pocos, más prestigiosos y prestigiados guías líder de grupos de turistas ornitólogos extranjeros de los que viven y trabajan en nuestro país profesionalmente, John L. Muddeman, ciertamente significativo. Nos da datos sobre los viajes programados por compañías extranjeras, fundamentalmente inglesas, en el periodo 2004-2006 y estima que sólo se realizan unos 70 viajes organizados recibiendo los diferentes destinos de toda España a través de este canal unos 540/750 clientes cada año con una media de estancia de 6/7 noches, con una tendencia a disminuir los viajes programados. ¿Que puede estar sesgado? Pues sí, ¿por qué no? Para mi sería totalmente comprensible y humano.  

Por otro lado, durante el año 2006, se ha realizado un estudio para la creación de una Red de Espacios de Turismo Ornitológico, más conocido por proyecto RETO y quizás el estudio sobre turismo ornitológico más serio de los realizados hasta el momento en España (por supuesto lo digo desde la subjetividad más absoluta pues para algo soy copartícipe del mismo) por parte de un equipo, multidisciplinar como pocos (ornitólogos, biólogos, ambientólogos, turistólogos, conservacionistas, guías profesionales, fotógrafos de naturaleza, operadores especializados e incluso un prestigioso profesor universitario que pasaba por allí), en el que se aportan otros datos para el 2007 también significativos al respecto: 71 viajes programados con una previsible llegada de 850 turistas y un coste medio del paquete de 202 € por día.  

El birdwatcher u observador de aves  

Pero ¿Como poder describir y clasificar a esta nueva especie de bípedos turistas? ¿Cual son sus costumbres? ¿En qué se gasta su dinero? ¿Dónde? y ¿Con quién?  

Eso ya es otra cuestión, repleta de mucha especulación y poca investigación. Si que a través de estudios realizados y publicados normalmente en el extranjero, podemos tener una visión aproximada a esas respuestas pero sólo sobre el turista que visita o puede visitar España, de la subespecie española poca cosa sabemos. Veamos.  

En el documento que expone la estrategia de turismo ornitológico de Ecuador, sus autores, miembros de la Mindo Cloudforest Foundation, nos dicen que la observación de aves se podría ver como un pasatiempo más de los tantos que entretienen y emocionan a las personas. El birder se puede comparar con un coleccionista de estampillas o monedas, aunque él no se apropia de nada, sino que colecciona avistamientos, registros y recuerdos. Pero quien practica esta actividad tiende a sentir la necesidad y el deseo de seguir ‘coleccionando’ más y más especies, hasta el punto que se podría decir que actualmente la observación de aves se ha convertido, para millones de personas, más que en un deporte o pasatiempo, en una pasión.  

Pues bien muchos de estos apasionados son tranquilos amantes de la naturaleza y devotos practicantes de la observación de aves, pero, como en todas las religiones, también hay fanáticos furibundos y extremistas, pero solo representan, como mucho, un 7% de los birders.  

Estos fanáticos como no podía ser de otra forma, son tremendamente competitivos y su tarjeta de presentación no es otra que la cantidad de especies observadas a lo largo de su vida y si te descuidas esgrimen su acongojante lista a las primeras de cambio ¡La vida por una especie más! Este año seguro que podremos encontrar una alta concentración de ellos en Tailandia ¡Te compadezco “Acrocephalus orinus” peligra tu tranquilidad y no sé si tu misma vida!

Pero bueno, prescindiendo de los llamados ticket, twitcher y listers (4) ¡Fijaros hasta se llegan a diferenciar en su integrismo!, el birder o birdwatcher es una persona más afable, que le gusta conocer las aves pero también los espacios que ellas habitan, aprecian su patrimonio cultural, las costumbre de sus gentes, su comida, su bebida,…, que siempre que la ocasión se le presenta bajo cualquier circunstancia y esté donde esté observa las aves que atisba o sabe que existen y que cuando sabe que tendrá tiempo libre lo utiliza para organizar un viaje por corto y cercano que sea pero que guarda tiempo para viajar a lugares lejanos al menos una o dos veces al año para conocer nuevas especies de aves y ansía le llegue su jubilación para poderlo hacer de manera más pausada y con mucha más frecuencia. Su nivel cultural es alto, su capacidad económica media/alta y gastan una media de 140 dólares al día en sus salidas, son casi tantas mujeres como hombres.   

Unos son capaces de pasar jornadas agotadoras para encontrar su ‘presa’, otros son más moderados en su afán e intentan conocer más detenidamente a las especies. Los hay más relajados que simplemente se sienten animados por un interés en observar y disfrutar con calma a algunos de estos seres alados. Los más son buenos amantes de la naturaleza y para ellos la observación de aves está vinculada con el entorno natural total y también participan y disfrutan de otros tipos de turismo (naturaleza, aventura, cultural,…) considerando siempre a las aves como parte importante de una experiencia global. Son de edades entre los 45 y 75 años, aunque también en algunos países hay un creciente y considerable porcentaje de menor edad.  

Para los más fanáticos, esos que conforman el “mito de raro” sobre el observador de aves, su principal objetivo es el de observar nuevas aves para engrosar sus propios records y epatar a los demás. Conocen bastante y estudian mucho las aves, saben a lo que van, invierten mucho en equipo, y les importa relativamente las dificultades del lugar para ir a ver especies en concreto. No les es imprescindible la comodidad de un buen hotel, pueden pernoctar en casi cualquier sitio si la “presa” merece la pena, buscan el mejor guía local, utilizan también medios auditivos en sus avistamientos, están suscritos a una o varias revistas especializadas en aves y utilizan internet y todo tipo de artimañas y medios para informarse sobre las últimas novedades y rarezas en el mundo de las aves.  

Y con esto, ¿Hay negocio o sólo es ocio?  

Pues no lo sé o, mejor dicho, cada día lo sé menos.   

Como siempre estamos en pleno proceso especulativo ¡A falta de datos, buenas son tortas! No tenemos otra cosa que el precipitado estudio de demanda de este tipo de turismo sobre Extremadura realizado recientemente. Es una pena que nuestras administraciones se hayan desentendido por completo de la investigación sobre todo lo que concierne al turismo en el medio rural de nuestro país ¡Qué lejos quedan los estudios sobre la oferta y la demanda que se hicieron allá por mediados de los noventa! ¡Como si nada hubiera cambiado! ¿O es que nadie, ni ellos, necesiten saber dónde y cómo emplear nuestras inversiones y si las mismas son suficientes para alcanzar los objetivos previamente marcados o hay que reorientarlas o simplemente son un simple despilfarro?  

El caso es que sin datos de referencia sobre la demanda nacional de este nicho de mercado, siempre hay quién se empeña en realizar elaborados y costosos materiales para realizar campañas de promoción fundamentalmente en el extranjero y hasta en ruso ¿Habrá demanda de turismo ornitológico en Rusia? ¡Y yo sin saberlo! ¡Cómo si nada hubiese en nuestro país! ¡Cómo si se pudiese sostener cualquier oferta turística contando sólo con el mercado extranjero! ¿Quién les habrá engañado?  

El caso es que si sacamos la cuenta de la vieja sobre los datos que tenemos, y hacia donde parecen dirigirse casi todas las iniciativas de nuestros administradores, resulta que estamos hablando de unos escasos dos millones de euros gestionados por empresas extranjeras y de los que no sabemos si al final queda algo en nuestro país. ¿Hay quién de más?  

Cómo, quién y para qué hacer turismo ornitológico  

Bueno, como por desgracia nuevamente me tengo que plantear un acto de fé, voy a hacerme previamente mi propia declaración de fé en el turismo ornitológico.  

Creo en que el turismo ornitológico es un nicho de mercado interesante y con futuro por varias y diferentes razones:  

Ø      Es necesario dotar a nuestro turismo rural de productos turísticos, el alojamiento rural es ya, simple y llanamente, un mero componente de la oferta básica: la gente cuando le dices que el fin de semana pasado estuviste en una maravillosa casa rural de…, lo que de inmediato te pregunta es ¿Y qué hiciste?  

Ø      Es necesario que los destinos turísticos se signifiquen por una diversidad en la oferta de productos que posibiliten en su conjunto la viabilidad de su planta turística y su sostenibilidad como tales.  

Ø      La tan ansiada y mítica desestacionalización de la oferta requiere de productos turísticos ad hoc y éste lo es especialmente: épocas en las que se practica, demanda de espacios no congestionados,…  

Ø      La también anunciada demanda de complementariedad y diversificación de nuestra tradicional oferta turística –España, sol y playa— requiere la utilización de nuestros mejores, más próximos recursos con mayor poder de atracción y “nuestras” aves junto a los espacios donde ellas habitan lo son en sumo grado.  

Ø      Nuestro gran y olvidado recurso son nuestros espacios naturales, protegidos y no, siendo el turismo de naturaleza / ecoturismo es el segmento de mercado con mayor crecimiento en nuestro entorno cultural y su incipiente desarrollo en nuestro país, necesita de reclamos potentes, con buena imagen y modélicos como es el del turismo ornitológico.  

Creo en que nuestra imagen como destino turístico debe ir cambiando poco a poco. Nada mejor que ir introduciendo productos emblemáticos como el que nos ocupa que, además, refleja el cuidado sobre nuestro medio natural, la preocupación sobre el medio ambiente.  

Creo en que además de Gran Bretaña hay vida en otros mercados. Y si no que se lo pregunten a los operadores, norteamericanos, alemanes, franceses, holandeses, belgas, etc. o a la competencia más directa que tenemos en los nuevos países integrantes de la Comunidad Europea.  

Creo en que nuestro mercado nacional está por explotar, en su más amplia y variada acepción de la palabra. Lo sorprendente es que si vas a Nueva Zelanda, Sudáfrica, Argentina, Perú o tantos otros destinos de turismo de naturaleza / ecoturismo, raro será que no te encuentras con paisanos de San Sebastián, Madrid, Barcelona e incluso de Alberuela de la Liena o Mairena del Aljarafe.  

Creo en que España is not diferent, a pesar de que muchos parece que se empeñen en lo contrario.

  En definitiva, creo en que a pesar de todo hay negocio con el turismo ornitológico directa e indirectamente.  

¿Qué cómo hacerlo? Buena pregunta y difícil repuesta, pero bueno, intentaremos imaginarnos que nos llega la cordura y consideramos algunas cuestiones previas como:

Ø      Que las aves como “recursos dinámicos” (5) no entienden de fronteras y por tanto no son sólo andaluzas, aragonesas --de la Catalunya no estricta--, andaluzas castellanoleonesas o castellanomanchegas.  

Ø      Que para un observador de aves inglés, japonés o canadiense no existen ni la avutarda andalusí, palentina y extremeña, ni el avetoro valenciano, aragonés y catalán, ni el quebrantahuesos navarro, jienense y oscense, simplemente existen la Otis tarda, el Botaurus stellaris y el Gypaetus barbatus en España.  

Ø      Que un observador de aves francés, noruego, suizo y también español, necesita unos servicios un tanto especiales en un entorno agradable, auténtico y amable, de una información que entienda a la perfección, de un saber sobre la mayoría de aves y su entorno excepcional y que, además no le gusta comer sólo un sandwiche mixto regado con un sprite y que prefiere un buen vino con lomo empanado, tortilla de patatas y una ensalada de tomate.  

Ø      Que nuestros espacios naturales protegidos son especiales y sus recursos a proteger deben ser “ofertados” de manera también especial y enseñados por gente también especial que goce del reconocimiento de sus gestores.  

Ø      Que nuestro coterráneos están también ávidos de nuevos descubrimientos en la naturaleza y las aves son tremendamente atractivas, muy fácil de observar y requieren un equipo comparativamente asequible y un equipamiento simple pero acondicionado al efecto.  

Ø      Que cualquier proceso de planificación en la materia debería tener presente que con el turismo ornitológico se tiene que ayudar a la población rural a permanecer en sus lugares de origen y con ello asegurar la conservación de las especies y los espacios más amenazados de Europa (6).

 


(1)Para muestra un botón: El Servicio Forestal del Departamento de Agricultura USA, en una publicación sobre su programa de conservación de aves Wings Across the Americas (Alas sobre las Américas) explica que “En los Estados Unidos, de las actividades al aire libre que aumenta con mayor rapidez es la observación de aves. En este país, más de 46 millones de ciudadanos participan en las actividades de observación de aves la cual genera más de $32 mil millones anuales en ventas directas, $13 mil millones por recaudación de impuestos estatales y federales, así como más de 863.000 empleos. Por si todo esto fuera poco, la observación y la fotografía de aves es la forma en que muchos habitantes de las ciudades pueden disfrutar de la naturaleza. Para los líderes de las comunidades rurales es importante aprovechar este interés de los citadinos y ampliarlo a todos los aspectos de la conservación de los recursos naturales“

(2)  La muy inglesa Royal Society for the Protectión of Birds, homóloga de nuestra Sociedad española de Ornitología, gestiona directamente 152 reservas para aves con una superficie de 102.000 Has.; tiene una plantilla de 1.041 empleados y de entre sus casi 1.100.000 socios, aproximadamente un 30% son residentes en el medio rural, un 8% de ellos son agricultores profesionales y por sus reservas anualmente pasan más de un millón de visitantes de los cuales un 63% son socios. Además tiene un grupo de seis personas encargadas de prestar asesoramiento a los agricultores sobre posibles métodos y buenas prácticas agrícolas para la conservación de la naturaleza y la protección de las aves.

 (3)Según las estimaciones que ha realizado BirdLife International, son 78 millones los viajes ornitológicos a nivel mundial que realizan los birdwatchers, representado un gasto total anual en los países visitados de unos 78.000 millones de dólares (equivalente a unos 60.000 millones de €).

 (4) El primero es la persona que al observar un ave anota su identificación, pero sigue interesado y aprecia lo que está viendo, mientras que el segundo tacha el nombre en la lista y busca otro twitch de inmediato. Los terceros son los más obsesos y están poseídos por el afán de marcar el mayor número de aves vistas en la lista completa de aves del mundo. En los EE.UU., Canadá e Inglaterra, principalmente, cuando una especie divagante o rara es anunciada por el hotline (Internet, teléfono o móvil) en algún sitio, casi al instante llega el enjambre de personas pertrechadas con sus binoculares y cámaras, telescopio en ristre en busca de la rara y escurridiza ave, y la concurrencia continúa día tras día hasta que su alado oscuro objeto de deseo decide abandonar el escenario.

 ( 5) Acertada definición turística de las aves acuñada por D. Jorge Garzón en las Ias Jornadas de Ornitología y Turismo de Guara 2006. 

(6)    Lema acuñado por el Proyecto RETO que se deriva de la idea de que el desarrollo de las áreas rurales se ha convertido en uno de los objetivos clave de la Unión Europea. Mantener la población en determinados enclaves es una de las tareas prioritarias dado que, sin la presencia de los seres humanos, muchos ecosistemas tienden a desaparecer y, con ellos, sus pájaros. No todo lo rural es agricultura: el Turismo de Naturaleza dinamiza las comarcas y ayuda a sus gentes a permanecer en este medio.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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