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Las Casas...
La Cañada del Valle del Jerte dispone de dos casas con capacidad para 8 personas. Distribuidas en dos plantas, en la planta baja encontramos el amplio salón con chimenea, la cocina totalmente equipada, una habitación y un cuarto de baño . Además dispone de un pequeño un cuarto trastero.
Como veréis en las fotos, la primera planta queda "abierta" al salón mediante una solana de madera muy típica de nuestra tierra.
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En la planta superior, esta es la habitación de matrimonio con cuarto de baño (abuhardillado), en la que hay suficiente espacio, sobretodo, para aquellas familias que llevan una cuna de viaje (para acomodar al bebé).
Además de los dormitorios, en la planta superior hay una zona abuhardillada "abierta" al pasillo.
A diferencia de los apartamentos rurales, las casas rurales disponen cada una de una barbacoa.
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Los Apartamentos...
Dos apartamentos con una capacidad de 2-3 personas cada uno de ellos.
Disponen de una habitación con la cama dosel y baño, un saloncito con chimenea, una cocina totalmente equipada e integrada en el salón.
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Entorno...
El Valle del Jerte parte de las estribaciones de Gredos, cuyo macizo se prolonga hasta la sierra de Tornavacas, Tormantos y San Bernabé, que lo separa de la comarca de la Vera, y en su parte occidental, los montes de Traslasierra, que sirve de límite con el valle del Ambroz.
La condición montañosa de esta comarca influye, de forma notable, en el desarrollo de las diversas comunidades, existiendo diferentes microclimas en función de la situación de éstas.
El rio Jerte, nexo de unión de toda la zona, alimenta su cauce con las cristalinas aguas de múltiples gargantas y arroyos. El paso de los siglos ha destinado para cada uno de ellos un entorno natural diferente, donde se mezclan abruptas cascadas, remansos horadados en la roca con retirados e insólitos parajes que aguardan que el andante descubra su singular belleza.
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Más allá del tupido verde que en montes semejantes nos ofrece la Naturaleza, el visitante podrá recrear la vista con una amplia gama de tonos que se distribuyen, de forma arbitraria, por los distintos rincones que componen el paisaje. Merece especial mención el contraste que podemos encontrar en época otoñal. Su contemplación nos transporta a lugares encantados propios de los cuentos.
Entrando la Semana Santa, el Valle del Jerte se viste de blanco, la flor de la cereza cubre la ladera de las montañas y el paisaje gris del invierno da paso al luminoso resplandor de la primavera. Pocas veces, los ojos del viajero han podido contemplar semejante "Espectáculo".
En lo más alto de sus montañas los pináculos de rocas se transforman en magníficos miradores, desde donde deleitarse con vistas infinitas. A lo largo de la comarca descubriremos tanto cómodos senderos que nos permiten llegar a lo más alto, como desafiantes "paredes" para intrépidos escaladores.
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