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Destinos. Turismo Ornitológico

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Destinos de Turismo ornitológico.

 

Cuando en el equipo que está al frente del proyecto Prointur[1] abordamos la realización de diferentes artículos a través de los que ir planteando nuestra visión sobre la realidad turística en el medio rural de nuestro país y las posibles formulas para la mejora continua de la actividad y su propia sostenibilidad, surgieron diversas propuestas para cada uno de los asesores técnicos destinándome el desarrollo de alguna de ellas en el marco de lo que son, o deberían ser, los productos y destinos turísticos en el medio rural.

 

Y recogiendo una de aquellas propuestas de la tormenta de ideas, concretamente la de ¿Cómo convertirse en un destino de turismo ornitológico de éxito?, voy a abrir mi sección tratando de desarrollarla aquí y ahora.

 

Todo viene porque durante los tres últimos años he tenido la oportunidad de participar como consultor en varios de los estudios y proyectos que en materia de turismo ornitológico se han desarrollado en nuestro país al albur de la moda que este producto ha suscitado entre tirios y troyanos de unos años a esta parte.

 

Lo primero que hice fue releer un artículo[2] que escribí hace unos dos años con ánimo divulgador y pretenciosamente “centralizador”[3] de este, por entonces novísimo en España, producto turístico para ver si aquél era reciclable o aprovechable y me permitía centrar ahora el que leen.

 

Y si, creo que a pesar del tiempo transcurrido, de todo el desarrollo que el producto ha tenido y está teniendo en España[4] e incluso del trabajo que personalmente he venido realizando en torno al mismo, todavía tiene cierta vigencia, sobre todo si recojo lo que entones decía en sus dos últimos puntos. Por tanto, si es aprovechable.

 

Veamos si podemos centrar bien el tiro ciñéndome al estricto y reducido espacio (folio, folio y medio) que pretenden los gestores del proyecto como si uno fuese un erudito magíster capaz de dar simples recetas infalibles y no un simple currela y buhonero de la cosa turística en el medio rural. Y como de partida me veo incapaz de abordar tamaña proeza, si sale más que lo partan y se lo ofrezcan por entregas.

 

Parto de la base de que quizás la pregunta ¿Cómo convertirse en un destino de turismo ornitológico de éxito? encierre en sí misma el quid de la cuestión y sea la clave del futuro del turismo ornitológico en España.

 

¿Qué por qué? Pues porque cada vez mantengo más acendrada y vehementemente que la extendida práctica del cantonalismo turístico en nuestro país encierra en sí misma la malévola esencia que posibilitará la inviabilidad de muchos de los productos turísticos que constantemente se ponen en marcha así como el despilfarro de buena parte de los recursos financieros que todos ponemos para que la imperante estrategia de la ocurrencia los dilapide en estériles esfuerzos de producción turística, y más cuando se trata de nuestro producto en cuestión: el turismo ornitológico.

 

Es tan impracticable como imposible que el mercado entienda que en España existan y se oferten innumerables destinos de turismo ornitológico como está ocurriendo ahora mismo.

 

Y es así por múltiples y variadas cuestiones algunas ya apuntadas en mi anterior artículo, a saber:

 

  • La característica de las aves como recurso dinámico (su vitalidad, dinamismo, universalidad, diversidad, vinculación a determinados hábitats, itinerancia, fenología, etc.) hace que ni nadie pueda patrimonializar el recurso, ni ofrecer la exclusividad de su cantón como destino turístico de primer orden.

 

  • Aunque en todos los sitios haya aves, no todos son susceptibles de entenderlos como destinos turísticos si sus aves y respectivos hábitats no tienen el suficiente atractivo, variedad, alta permanencia, adecuada temporalidad, etc., como para ofrecer un adecuado valor añadido a ciertos y concretos segmentos de la demanda o más bien nichos de mercado.

 

  • La producción turística hay que diseñarla en función de la demanda y los mercados existentes e incluso, a ser posible, de los diferentes nichos de mercado que identifiquemos, por lo que no cualquier espacio reúne el conjunto de características, recursos y oferta de servicios adecuados para poder atraer y satisfacer a la demanda que pueda llegar e incluso comprar la oferta una vez paquetizada.

 

  • La demanda extranjera (esa a quien casi exclusivamente parecen querer dirigirse nuestros próceres practicantes de la estrategia de la ocurrencia) viene atraída por el valor añadido que le ofrece el destino y cuanto mayor sea éste, mayor es tanto la atracción como la posibilidad de lograr mayor penetración en el mercado, consolidar un destino e incluso generar mayor gasto en el mismo.

 

  • El valor añadido viene dado fundamentalmente tanto por el número y la singularidad de especies que los hábitats de los diferentes mercados no albergan, como por la calidad de los hábitats que habitan las diferentes especies de aves, especialmente las ausentes en dichos mercados.

 

Dos cuestiones al respecto meramente personales y sin ánimo alguno de ser presuntuoso: conozco pocos productos y destinos, sobre todo occidentales, que sean sostenibles desde la exclusiva demanda de mercados exteriores y fundamentalmente lejanos y dudo mucho de la viabilidad de cualquier estrategia en este sentido; no conozco ninguna región, comunidad autónoma, comarca o pueblo español en los que habiten la mayoría de especies que en España pueden considerarse como el valor añadido para los grandes mercados anglosajones u otros emergente o en fase de crecimiento dentro y fuera de Europa.

 

Por ello abogo por un esfuerzo de racionalidad, cooperación necesaria y destierro absoluto tanto de la estrategia de la ocurrencia como de la práctica del cantonalismo respecto al turismo ornitológico español, si realmente queremos tener futuro como destino de turismo ornitológico y dotar de cierta dosis de sostenibilidad los esfuerzos de toda índole que el continuo bombardeo en los medios está produciendo en el siempre sufrido, desorientado y expectante sector turístico del medio rural español.

 

Pero sin embargo también acepto que podemos hablar de microdestinos e incluso de microclústers[5], como dicen los eruditos y algunos cursis de la cosa turística, pero sólo desde la exclusiva perspectiva de unidades de gestión o partes de un todo es decir de España como el único destino sostenible de turismo ornitológico que podemos contemplar.

 

Ahora, para poder acercarme a las pretensiones que sobre los consultores se tiene vulgarmente como meros dispensadores de recetas infalibles –craso error y nada más alejado de la verdadera utilidad e incluso de la esencia misma de la profesión que más bien creo reside en el estudio e investigación de diferente y múltiple casuística basada en el trabajo de campo y en la propia gestión turística— partiré de cierta osadía como es el tratar de definir unos cuantos conceptos en torno al turismo ornitológico, como son:

 

          Turismo Ornitológico: Es la actividad turística que consiste en desplazarse a destinos diferentes a los de nuestro entorno habitual motivados por la posibilidad de observar aves silvestres en sus hábitats naturales .

 

          Patrimonio Ornitológico: Conjunto de especies de aves y hábitats naturales de un territorio que pueden utilizarse, mediante un proceso de acercamiento idóneo, para satisfacer las necesidades de un segmento concreto de la demanda turística.

 

          Turista ornitológico: Aquel turista o excursionista que selecciona el destino y temporalidad de su viaje por el deseo específico de la observación, seguimiento o investigación de su avifauna.

 

a)      Producto de turismo ornitológico: Conjunto derecursos, oferta básica y servicios especializados accesibles mediante ciertas infraestructuras y capaces de satisfacer las necesidades del mercado.

 

Y retomando, a la par que afilamos, la pregunta que nos motiva el presente artículo ¿Qué podemos hacer para lograr cierto éxito como destino especializado en turismo ornitológico desde la perspectiva de propietario de un alojamiento de turismo rural?

 

Pues participando y contribuyendo a ello pidiendo, por un lado cierto rigor y profesionalidad en los planteamientos que nos hagan respecto a todo el proceso de producción turística y, por otro pedirnos a nosotros mismos también rigor para realizar nuestra propia toma de decisión al respecto y así no convertirme en un mero rehén de cualquiera o de cualquier cosa, comenzando por cuestionarnos todo: ¿Realmente el territorio donde me encuentro tiene los recursos adecuados? ¿Hay demanda, cuanta, en que mercados, que perfil tiene, que temporalidad ocasiona,…? Lo que en rigor debería provocar por parte de los proponentes ofrecernos un breve pero adecuado y responsable procedimiento de información-sensibilización sobre el producto que nos llevase a hacernos los lógicos y consecuentes planteamientos y toma de decisiones al respecto ¿Realmente me puede resultar interesante? ¿Me merece la pena el esfuerzo que seguro tendré que realizar?

 

Si estamos dispuestos a implicarnos al menos en el proceso inicial, es decir cumplimentar cuestionarios, acudir a los talleres que nos planteen, recibir a los profesionales y técnicos encargados del sistema de producción, etc., nos debería llevar a preguntar ¿Cuál es el procedimiento que se va desarrollar para el diseño, gestión y puesta en marcha del producto? ¿Qué modelo de gestión del producto está prevista? ¿Va a producirme algún tipo de previa inversión económica y/o de otro tipo como acudir a cursos, establecer un sistema de calidad,…? ¿Cuánto y/o qué requerirá de mi participación en el proceso de promoción del producto? ¿Cuando tendré turistas que vengan motivados por este producto y cuantos se prevé que lleguen?

 

El empresario rual, fundamentalmente el de alojamiento, ha de ser consciente de que no se trataría de una acción más que se le propone para intentar elevar el grado de ocupación de su alojamiento exclusivamente, sino que se trataría de participar en la construcción de un destino turístico especializado que sin duda alguna contribuirá a posicionar ese destino en el “mapa turístico” en general y en el “mapa del turismo ornitológico” en particular[6], en los que su alojamiento, por ejemplo, pasará a ser un elemento cualificado y visible en el mercado turístico y susceptible de atraer a nuevos clientes en general y consumidores de turismo ornitológico en particular.

 

Además el empresario rual ha de creer que la observación de aves o birdwatching realmente es un importante elemento de atracción para un cliente con un perfil especial pero sin duda mucho más interesante que la media general y que, por tanto, para practicar una buena acogida precisa de cierto esfuerzo y adaptación en cuestiones menores pero tan básicas como, por ejemplo, poner el desayuno antes de la hora habitual, obviar elementos decorativos “inadecuados” ó “poco sensibles” tales como aves y otros animales disecados, brindar información específica al menos de su territorio y cosas por el estilo, sin que por ello debamos de convertirnos o ponernos el gorro de ecofundamentalista, simplemente adecuar nuestra imagen y discurso al respeto que nos debe merecer cualquier persona y, mucho más, cualquiera de nuestros clientes.

 

Sirva como ejemplo la anécdota que me contó mi buen amigo Ignacio Rivero, gran amante de la naturaleza y experto profesional de la promoción y comercialización del turismo de naturaleza. Estaba en un viaje de familiarización de prensa extranjera que visitaban Doñana para conocer su riqueza ornitológica y promocionarla como destino de turismo ornitológico, cuando en una de las comidas que se les preparó, uno de los periodistas participantes se negó a probar el menú que se les ofreció porque, entre otras viandas estaba una exquisita sopa de ánsar seguida de un magnífico guiso de dicha carne en ancestral receta del cocinero local, en fin una exquisitez. Le costó la vida misma hacerle entender que la tan traída y llevada sostenibilidad de cualquier territorio, pasa por el cabal[7] aprovechamiento de los recursos endógenos del mismo, y que sin el aprovechamiento de esos recursos, difícilmente vamos a contribuir a favor del desarrollo sostenible del medio rural. Al final, tras ardua batalla dialéctica, aquél afortunadamente lo entendió y… hasta repitió sopa y guiso chupándose los dedos, porque a ninguno se le escapa que nadie hace mejor un plato que quien lo lleva haciendo desde tiempo inmemorial siguiendo la tradición de sus ancestros en base a un adecuado aprovechamiento de la materia prima que siempre ha estado a la puerta de sus casas.

Conceptualización de un microdestino de turismo ornitológico

 

Comenzaremos intentado conceptualizar el asunto. Según los expertos de la OMT[8] destino turístico es el espacio donde el turista pasa como mínimo una noche que incluye el consumo de productos turísticos tales como servicios básicos y suplementarios. El destino tiene fronteras físicas y administrativas, con una gestión propia definida, que en su imagen y perceptibilidad define su competitividad en el mercado… y diciendo también algo para mí básico respecto al destino: el éxito de un destino turístico reside en su capacidad de generar no uno sino todo un conjunto de productos turísticos de calidad que lo doten de la potencia suficiente para permanecer en el mercado y lograr tanto su propia sostenibilidad como, por ende, la de los agentes turísticos del territorio.

 

Ya vemos en esencia los elementos sobre los que fundamentar nuestro diseño: un producto turístico, un espacio delimitado, una gestión y un saber hacer que permita hacer competitivo nuestro esfuerzo a la par de lograr una imagen de calidad.

 

Como espacio delimitado podemos tomar el territorio de una comarca, una provincia, aunque, tratando de huir del cantonalismo turístico, creo que mejor sería el de una región. En cuanto a la idoneidad del territorio como destino de turismo ornitológico decir que debe albergar hábitats de calidad contrastada y dotados de una gestión adecuada, los que para mi no son otros que aquellos declarados como espacio natural protegido e integrantes de la Red Natura 2000.

 

El producto turístico no es otro que el turismo ornitológico que como tal producto tiene una serie de componentes básicos tangibles e intangibles, a saber: el indisoluble binomio especies de aves-hábitas; un adecuado equipamiento de uso público; la oferta básica de alojamiento y restauración; el transporte interno; y, como intangible básico, el guiado y acompañamiento.

 

Para la gestión debemos pensar en las entidades ya existentes y trabajar con ellas. ¿Qué entidad u organismo con competencia sobre el espacio del microdestino en materia de fomento, ordenación, planificación y/o promoción turística tenemos en el territorio? Existen variadas posibilidades pero según el ámbito administrativo de nuestro territorio, regional o comarcal, entiendo que la mejor opción es la administración regional de turismo y/o medio ambiente por un lado, y la comarca o mancomunidad, sin olvidar al correspondiente grupo de acción local, por el otro.

 

Para hacer competitivo nuestro esfuerzo debemos plantear sistema y modelo de producción turística orientado al mercado con el que trabajar y yo me inclino por el de club de producto como el mejor paraguas y sistema bajo el que puede comenzar a trabajar el microclúster[9].

Recomendaciones básicas para su diseño

 

Y como esto no es un curso de turismo ornitológico, seguiré el itinerario marcado en el punto anterior, para plantear a continuación algunos aspectos básicos y recomendables para tender al éxito de un microdestino de turismo ornitológico intentando seguir una pauta de hitos concatenados.

 

a)      Quizás el paso previo sea determinar el espacio que vamos a intentar convertir en nuestro microdestino turístico especializado.

 

b)      El proceso que abordamos para la construcción de un destino especializado hasta su lanzamiento al mercado será largo, tedioso y no exento de dificultades, sobre las que habrá que realizar continuas tomas de decisión. Es el momento de que alguien, persona y/o entidad pública o privada, debe tomar la responsabilidad del liderazgo[10] del mismo. Sin liderazgo es bien difícil, si no imposible, alcanzar la meta.

 

c)      No es concebible pensar en producto si no contamos de partida con todos y cada uno de los componentes del mismo que antes hemos señalado.

 

d)      Debemos conocer y valorar el recurso sobre el que vamos a trabajar, es decir las especies de aves y los habitats donde se encuentran, cuestión para la que es primordial la intervención de un consultor ornitológico, que no turístico, quién además podrá valorar la fragilidad del mismo y el impacto de la actividad para su correcta conservación.

 

e)      Contar con los gestores del ENP para proponer su colaboración y complicidad para el correcto diseño del producto: sobre ellos recae la competencia de gestión del mismo y, por tanto, del equipamiento de uso público (centros de visitantes, caminos y senderos, observatorios, etc.) susceptible de ser utilizado en el producto.

 

f)       Determinar los periodos e itinerarios idóneos para poder observar las especies que conformarán el valor y la imagen sobre los que el turista formará sus expectativas para la elección del destino y compra del producto. Este es un trabajo conjunto de consultores ornitológicos y turísticos.

 

g)      La implicación de la población y la adhesión de los empresarios al proyecto pasa por realizar una adecuada sensibilización y transmitir una información objetiva, para lo cual se debe realizar algún taller abierto en el que plantear el proyecto, sus objetivos, la metodología de trabajo que se aplicará y donde se recabarán compromisos.

 

h)      Es éste también el momento en el que deben empezar a participar los responsables del ente gestor del destino que hayamos definido.

 

i)        Dotar a los agentes comprometidos de una básica pero adecuada formación[11] teórico-practica en materia de turismo ornitológico, no exclusivamente ornitológica. Ésta última deberá ser objeto de otro tipo de formación por supuesto más extensa y dirigida especialmente a los agentes que vayan a realizar funciones de guiado y acompañamiento. La primera conviene realizarla con consultores turísticos y la segunda con consultores ornitológicos.

 

j)        Es el momento de analizar, y/o conocer, la oferta y demanda especializada existente; la competencia de otros microdestinos; e incluso destinos la realidad del destino España, conocer nuestros puntos débiles y amenazas así como nuestras fortalezas y oportunidades; los mercados y perfiles existentes; etc. Con todo ello podremos valorar las necesidades de adecuación de nuestra oferta y, por tanto, planificar, presupuestar y temporizar las acciones que deberemos poner en marcha.

 

k)      Sabiendo qué tenemos y con quién contamos deberemos comenzar a definir a qué mercados y segmentos del mismo podemos y debemos dirigir tanto el producto general como la paquetización del mismo. También debemos definir cual o cuales deben de ser los canales de distribución del producto, las herramientas para su comercialización y el plan de promoción que tenemos que plantear. Y desde mi punto de vista para todo ello la mejor opción, la más rentable y la más eficaz es saber además con quién debemos contar fuera de nuestro territorio, en el destino España, para poder conveniar todas estas acciones, tanto pensando en mercado nacional como en mercados exteriores. Para estas y posteriores acciones la asistencia técnica turística se hace del todo conveniente, máxime cuando la asistencia ornitológica ha cumplido las funciones para las que ellos son imprescindibles.

 

l)        Es el momento de abordar la construcción del club de producto[12] al que voluntariamente se deberán adherir los diferentes agentes involucrados en la producción. Para ello se determinarán los diferentes elementos, empresarios y gestores públicos, con los que se deberá contar; formular y consensuar los criterios que deberán cumplir cada uno de los diferentes elementos para su participación; evaluar todas y cada una de las adhesiones recibidas; redactar el correspondiente manual de producto donde se describirán procesos, procedimientos y tematización del producto; crear el órgano de gestión y dotarle de objetivos claros y concretos así como de recursos financieros suficientes; definir un plan de comunicación, interna y externa; diseñar plan de promoción y, en su caso de comercialización; y, crear la imagen del club.

 

m)   Una vez con todo esto realizado y con los materiales y herramientas promocionales dispuestos, no nos quedará otra cosa que realizar su presentación y lanzamiento al mercado.

 

Y de esta manera tan aparentemente sencilla que hemos descrito lograremos configurar un espacio geográfico determinado, con una gestión turística específica, en el que existe un patrimonio ornitológico y unos servicios especializados capaces de recibir y satisfacer plenamente a turistas que motivados por su disfrute realicen sus viajes al territorio y pasen en él uno o veros días de ocio con la naturaleza.

 

Con lo que habremos creado un entorno competitivo y de calidad, es decir un micro o simplemente destino de turismo ornitológico con posibilidades ciertas de sostenibilidad y, por tanto, de éxito.

 

Y para concluir sólo decir que continúo creyendo existen esperanzas para que todo ello no sólo sea una quimera o una mera ocurrencia porque sé que no soy el único lunático visionario o vehemente testarudo que piensa en ello[13]. Han existido iniciativas totalmente racionales y, por tanto, plausibles en este sentido siendo la más elocuente, benévola y a pesar de todo eficiente la que a finales del 2006 puso en marcha la Secretaría General de Turismo convocando a todos los responsables de las diferentes iniciativas españolas por entonces en marcha en materia de turismo ornitológico, para evaluar la posibilidad de configurar un nuevo Club de Producto en torno al turismo ornitológico de nuestro país.

 

¡¡Lástima que entonces no cuajó aunque todavía nos es tarde porque èsta dicha sí es buena!!

 

 

 

Manuel Maynar Aguilar

Consultor de Sepinum S.L.

www.sepinum.com

 

Octubre de 2008

 

   

 

“Microclúster de Ánade real en microdestino de turismo ornitológico” Fotografía: Manuel Maynar Aguilar. 2007.

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[3]Nuestro rico y exuberante idioma no contempla el adjetivo “centrador” como derivado del verbo centrar en su vulgar acepción de colocar en su justa medida que esa era mi intención al escribir este palabro, aunque también pienso ahora que desde varias de sus acepciones tampoco está mal descaminada su utilización como espero veremos más adelante.

[4]Ver Fernández Tabales A. y otrosEl Turismo ornitológico en España como modalidad emergente. Organización interna de la actividad y caracterización de la demanda. En Papers de Turisme nº 42. Comunidad Valenciana, 2007.

[5]Los microclústers se caracterizan por estar orientados a microsegmentos de mercado muy especializados, que resultan altamente competitivos a nivel global. Además, los microclústers parecen especialmente apropiados para el turismo, que por naturaleza trata de aglutinar un conjunto de servicios bastante elevado, con el complicado objetivo de generar una experiencia turística “única” en el visitante. De ello se ocupó EwenMichael cuando el año pasado publicó un libro titulado Micro-clusters and Networks: the growth of Tourism que arroja un nuevo e interesante enfoque que descansa sobre una “vieja” idea: el turismo puede ser una buena alternativa para contribuir al desarrollo de regiones rurales, como se ha demostrado en países como Australia, Escocia y Suecia. Ver http://clan-destinos.com

[6]Un destino turístico es difícil construir con un solo producto turístico, su construcción debe basarse en la suma de dos o más productos turísticos pero no de cualquier producto sino de aquellos diseñados sobre la base de posibles recursos endógenos puestos realmente en valor turístico exclusivamente y no sobre meras ocurrencias o recursos sin verdadero y contrastado poder de atracción sobre diferentes segmentos de mercado. Así ese hipotético alojamiento podrá participar en varios productos y, por tanto, situarse en varios “mapas turísticos especializados” con lo que realmente tendrá más posibilidades de soslayar su propia estacionalidad, resultará más competitivo y asegurará su propia sostenibilidad contribuyendo a la del propio destino turístico al que pertenece.

[7]Es decir, de forma controlada y normalizada.

[8]Consejo de Educación de la OMT: “Espacios con límites físicos y administrativos que definen su gestión e imágenes y percepciones que definen su competitividad en el mercado”; “Conjunto de proveedores públicos y privados de servicios turísticos dentro de esos límites” según Henryk F. Hansdszuh, Jefe de Calidad y Comercio en el Sector del Turismo de la OMT en Normas para el turismo: colaboración de la Organización Mundial del Turismo con la ISO

[9]El término inglés clúster se usa habitualmente para nombrar aquellas agrupaciones de empresas y organizaciones de un mismo territorio, que están especializadas en un determinado producto, en este caso turístico, aunque el origen del término se encuentra en los llamados “distritos industriales”. Es decir, el concepto de clústers significa sencillamente aglomeración de empresas con características similares. Porter (1999) lo definió como una concentración geográfica y sectorial de empresas e instituciones que interactúan en determinado campo, expertas en determinado terreno con proveedores de servicios especializados y que tienen una relación a la vez de competencia y de cooperación entre sí. Un clúster empieza con la proliferación de productos especializados (turismo activo, cultural, de naturaleza, etc.), por parte de un buen número de empresas de un mismo destino. Ello se debe a la generación o disponibilidad de un recurso turístico más o menos exclusivo (una determinada orografía del territorio, unas fuentes termales, unas especies de animales o vegetales, etc.). Ver http://clan-destinos.com/2008/04/19/%C2%BFque-es-un-cluster-turistico-%C2%BFy-para-que-sirve/

[10]El liderazgo al que nos referimos debe extenderse al menos hasta el momento de su puesta en marcha y presentación al mercado, momento en el que dicho liderazgo puede descansar, e incluso desaparecer, recayendo su continuidad en el club de producto.

[11]Es fundamental el que los agentes implicados en el sistema de producción turística estén dispuestos a adquirir una mínima formación. Si no sabemos lo que hace a nuestro cliente cruzar medio mundo para llegar hasta nosotros ni que costumbres tiene, ni cuales van a ser sus necesidades cuando nos llegue, difícilmente vamos a poder satisfacer mínimamente sus expectativas.

[12]Grande Ibarra, J (2008) lo define como una herramienta que permite organizar y estructurar todos los servicios necesarios para poder desarrollar un producto turístico con garantías ciertas de éxito. Un Club de Producto es fundamentalmente una alianza estratégica entre una serie de prestadores de servicios e instituciones para desarrollar con las máximas garantías un esfuerzo conjunto, un producto turístico.

[13]Lopez Roig, J. lo apunta con precisión en su artículo El Turismo Ornitológico en el marco del postfordismo, una aproximación conceptual. Cuadernos de Turismo nº 21. Universidad de Murcia. 2008. Ver http://redalyc.uaemex.mx/redalyc/pdf/398/39802104.pdf

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